martes, 7 de febrero de 2012

Ranking

Envidio a los tenistas. Y no es que valore en demasía su capacidad atlética, ni su técnica para pegarle de revés a la pelotita. Lo que pasa es que ellos tienen algo que no tiene casi ninguna otra profesión: El ranking. Una lista exacta que evalúa los méritos y fracasos de cada uno de ellos, coronando con el primer puesto al mejor y haciendo sentir vergüenza a quien se encuentra en el puesto número 428 mil. El ranking les dice, de manera fatal, lo virtuoso o imperfecto de su condición, así como también lo lejos o cerca que se encuentran del mejor.
Sin embargo, ninguno de nosotros, que no nos dedicamos al tenis, tiene la menor idea acerca de qué puesto ocupamos. Si tuviéramos que elaborar un ranking en el que influyeran nuestras capacidades intelectuales, atractivo físico, carisma, bondad, imaginación, sentido del humor, capacidad de amar e innumerables etcéteras, ¿en qué puesto nos encontraríamos? ¿qué tan lejos estaríamos de la cima? ¿cuántas personas estarían por debajo nuestro? Por supuesto, habría que definir con exactitud cuáles son los componentes que se miden y de qué manera influye cada uno de ellos en la calificación final.
Los tenistas no tienen que hacerse estas preguntas en lo referido a su profesión. Ellos ya lo saben. La A.T.P. (Asociación Profesional de Tenis) se los informa sin rodeos. ¡Cómo los envidio!
Tengo curiosidad. Quisiera saber cómo estaría calificado yo. En el mundo hay unos 7.000 millones de personas. Creo que sería muy meritorio estar entre los primeros 1.000 millones.
Un ranking de estas características evitaría indeseables errores en la autoestima de las personas. Por ejemplo, un tipo que tiene poco amor propio, debería notar su error al ser rankeado entre los primeros 500.000; puesto por demás elogiable entre tanta cantidad de competidores. Asimismo, un creído insoportable debería bajar el nivel de su amor propio al anoticiarse que sus virtudes apenas lo colocan en el puesto 6.700 millones.
La creación de este ranking tendría innumerables beneficios en las cuestiones amorosas, principalmente en lo referido a las falsas expectativas. Iluso sería un individuo ubicado en el puesto 5.000 millones de poder conquistar a una mujer que se encuentra entre las 15.000 primeras. Uno podría buscar compañía rankeada dentro del mismo millón de personas, por ejemplo, y tener cierta expectativa de ser aceptado, ya que las virtudes entra ambas personas serían medianamente equivalentes.

Una idea perturbadora acaba de cruzar por mi mente. ¿Cómo no lo vi antes? Mi pensamiento de hacer un ranking de la humanidad no es original. Es evidente que entidades celestiales han planeado ya esta circunstancia. El hecho de que no conozcamos qué número nos corresponde entre los seres humanos no significa que ese número no exista. Todos y cada uno de nosotros nos encontramos vagando por esta vida sin saber cuál es ese número. El cual es visible para todos, con excepción de nosotros mismos. Sin embargo, podemos hacer un intento por averiguarlo: Un hombre heterosexual deberá dirigirse hacia la mujer más bella, inteligente, talentosa y simpática que conozca y hacerle saber que quiere estar con ella. La mujer dará algunas vueltas, porque es buena y no quiere lastimarlo, pero terminará diciéndole que ella espera a otro hombre. Y así, de manera poética pero indiscutible, entenderemos que ella es Nadal y que nosotros apenas estamos juntando unos mangos para comprarnos nuestra primera raqueta.

domingo, 5 de febrero de 2012

Pregunta

¿Todavía queda alguien en este descuidado y maloliente espacio?