martes, 31 de mayo de 2011

Causa de futuros asesinos seriales.

Sí, a vos te hablo. A vos que tenés un/a hijo/a de 0 a 3 años y que -ante la llegada de las bajas temperaturas- decidiste abrigarlo. Pero no lo abrigás con cualquier cosa, no. Necesitás que tu bebé tenga un toque especial. Porque cualquier padre le pondría una camperita, un polar, una bufandita para que no sufra el frío. Pero vos no sos "cualquier padre". Necesitás que tu hijo se destaque. Por eso le ponés esas ridículas capuchas con orejas de osito, para que el bebé parezca un tarado cuando el único tarado sos vos, que lo vestís así.

Decime una cosa, ¿no te das cuenta que esas capuchas no quedan tiernas sino tontas?. Si no tenías ganas de tener un hijo, lo hubieras dado en adopción. Pero no te vengues contra la pobre criatura vistiéndolo así.

Dale la vestimenta de una persona, no de un animal. Si querías un animalito, en vez de tener un hijo, yo te pasaba el teléfono de una buena veterinaria.

¿Sabés qué es lo que me tranquiliza? Que el nene ahora no entiende nada, pero la manera en que lo ridiculizás va a quedar grabada en su inconsciente. Y cuando dentro de algunos años, los medios de comunicación se pregunten "¿Por qué mató a sus propios padres de manera tan sanguinaria?", yo voy a saber la respuesta.

sábado, 14 de mayo de 2011

Echale la culpa a Disney.

Hace algunos días, mientras perdía mi tiempo en Facebook, me topé con el nombre de un grupo realizado por mujeres y que tenía por nombre "Culpo a Disney de mis altas expectativas en cuanto a hombres". Me pareció simplemente genial.
Son varias las generaciones de mujeres las que han crecido viendo películas tales como "Blancanieves", "La bella durmiente", "La Cenicienta", "La sirenita", o -más actualmente- la saga de las princesas. Ahora bien, un factor común en todos estos títulos es que la protagonista termina teniendo una vida feliz junto con un tipo fachero, fuerte y generalmente rico.
Años y años tiene Disney metiéndole en la cabeza al género femenino que existe la posibilidad de que un Príncipe venga en su caballo blanco a rescatarlas de su sufrimiento. Y creo que, de alguna manera, ello tiene su correlato en lo que muchas mujeres esperan de los hombres.
Por otra parte, no debemos olvidar que -excepción hecha del jorobado de Notre Dame y la bestia- los personajes de Disney que padecen de algún defecto físico o sin simplemente feos, son a la vez malvados.
Un muchacho promedio, común, suele estar un poco lejos de medir 1.90 mts., tener sus cabellos dorados manteniendo siempre un perfecto peinado, músculos perfectamente proporcionados y algún que otro castillo donde vivir felices por siempre. Asimismo, esos imaginarios protagonistas masculinos suelen desvivirse por las hasta entonces sufrientes damas, al extremo de que -por ejemplo- lucharán contra un dragón o malvadas brujas (feas, por supuesto) para rescatarlas.
Es en ese momento cuando la realidad se choca con la expectativa. Nosotros, los hombres, tenemos nuestras limitaciones. Solemos cometer errores, padecemos del cansancio, podemos tener algo de sobrepeso o ser demasiado flacos, nuestros rasgos están generalmente lejos de ser perfectos y los dragones de varios metros de altura suelen meternos algo de miedo. Por tal motivo, seremos -para muchas damas- individuos que no encuadran en los estereotipos de la expectativa que pueden tener del hombre de su vida.
Algunas mujeres podrán leer indignadas estas líneas y expresar -no sin razón- que no todas esperan eso de un hombre. Sin embargo, cabe remitirse a la reciente boda del Príncipe Guillermo de Inglaterra y Kate Middleton. Me llamó mucho la atención la cantidad de damas que la vieron y que luego expresaban sus opiniones sobre el vestido, los arreglos florales, la abadía, el peinado, el traje y, en muchos casos, lo afortunada que es la ahora Duquesa. Tales comentarios me parecen reminiscencias de las películas de Disney.
No crean las féminas que el presente post tiene por objeto criticarlas. No son ustedes las únicas víctimas del llamado "efecto Disney"; los hombres también lo sufrimos. Cuando nos preguntan cómo nos gustaría que fuera la mujer que nos acompañe, respondemos algo así como "Simpática, dulce, linda, buena, trabajadora y que cocine rico" (también solemos agregar algún detalle íntimo, pero no fue precisamente Disney quien nos metió esa idea). O sea, los hombres también tenemos altas expectativas en cuanto a mujeres.
La reflexión de estas líneas se avizora de manera evidente: O empezamos todos a actuar como si fuésemos dibujitos animados o tomamos más conciencia de la realidad. Nadie es perfecto y encontrar el amor implica, de ambas partes, estar dispuesto a convivir con las virtudes pero también con las falencias ajenas. Mientras eso no suceda, todos los príncipes y princesas que nos rodean seguirán siendo vistos como sapos.