lunes, 13 de septiembre de 2010

Dos confesiones

Hay dos cosas que me gustaría confesarles. Creo que ya estoy en una edad madura como hacerme cargo de mis errores y que las nuevas generaciones aprendan de ellos.

Confesión N° 1:
Recién a la tierna edad de 27 años me di cuenta que cuando uno tose porque se le atoró algo en la garganta hay que decirle "San Blas" y no "samblá". Así es, señores. Yo dije "samblá" ante esa situación durante muchísimo tiempo porque creía que existía el verbo "samblar" y mi mente imaginó que tal cosa era equivalente a desalojar un cuerpo extraño que se encontraba alojado en la garganta. O sea, mientras el pobre tipo estaba tosiendo y se ahogaba, yo le estaba sugiriendo que "samble", como si tal cosa existiera.

Confesión N° 2:
Cuando los personajes de Chespirito se decían "Gracias" y el otro contestaba "No hay de queso, nomás de papa", yo entendía que decía "No hay de qué, sonomás de papa". Como todos ustedes imaginarán, yo creía que un "sonomás" era una bolsa; por lo que la traducción era "No hay de qué, bolsa de papa". Mi desilusión fue enorme cuando comprobé que la Real Academia Española no prevé a la palabra "sonomás" en el diccionario.

¿Y ustedes? No se hagan los que siempre la tuvieron tan clara. Cuenten ¿en qué cosa como las anteriores estuvieron equivocados durante mucho tiempo?