domingo, 27 de septiembre de 2009

Nacer

Fue como despertarse. Aunque sus ojos habían permanecido abiertos, no habían registrado nada hasta ese momento. Su memoria estaba en blanco.
Cuando tomó conciencia de lo que sucedía, se estaba viendo al espejo. Le costó darse cuenta que era su propia imagen la que se reflejaba, ya que él no reconocía aún el cuerpo que habitaba.
¿Cuánto tiempo hacía que estaba ahí? ¿Quién era él?
Como destellos, aparecieron ciertos recuerdos; detalles esenciales que conformaban algunas vivencias pertenecientes al cuerpo que lo tenía por huesped. Fue así como recordó a su madre, a sus compañeros de primaria, el aroma del pasto recién cortado en la casa de su abuela, los ladridos de aquel perro durante la noche. Sin embargo, todos esos recuerdos tan lejanos parecían ajenos. Como si alguien los hubiera inyectado en su mente pocos minutos antes.
La imagen que el espejo devolvía seguía sin resultarle familiar. Pero no cabían dudas de que él se encontraba dentro de esa imagen.
De a poco, más vivencias vinieron a su mente. Recordó que ese cuerpo había cursado una carrera universitaria y que ahora tenía un título. También emergió la imagen de sus compañeros de trabajo, a quienes el cuerpo que habitaba veía de lunes a viernes.
Comenzó a preguntarse cómo era posible que comprendiera conceptos tales como el tiempo y el espacio, o que fuera capaz de pensar en un idioma determinado, siendo que era la primera vez que despertaba. Quizás el elemento corpóreo que ahora habitaba lo nutría de ciertas experiencias como medio para no encontrarse perdido en un mundo que le resultaba desconocido.
Siguió observando la imagen que el espejo devolvía durante un minuto más solamente. Tiempo que le resultó suficiente para decidir que todas las preguntas que tenía acerca de cómo y por qué había llegado allí no tenían sentido alguno. El cuerpo que habitaba era ahora suyo. Toda una vida lo esperaba afuera y ninguna de las personas que se cruzara con él notaría que acababa de despertar. Tal vez -sólo tal vez- todos los demás también habían despertado ese día y disimularían estar perfectamente ubicados, pretendiendo hacer creer al resto que no tenían ninguna pregunta acerca de cómo habían llegado a sus respectivos cuerpos. Tal pensamiento lo tranquilizó aún más.
Fue así como él se vistió y salió a la calle.

(Ah, sí, me olvidaba. No siempre escribo posts sencillos. A veces se me da por escribir estas cosas.)

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Fantasma botón

Cuando los varones vamos a un baño público a hacer lo que nuestras necesidades fisiológicas exigen, las reglas de higiene indican que al terminar hay que lavarse las manos.
Sin embargo, después de un arduo trabajo de investigación consistente en una elaborada contabilidad de los casos estudiados, estoy en condiciones de dar a conocer una conclusión que hará temblar a las bases establecidas de la sociedad contemporánea y espantará a las féminas lectoras de este espacio. Un secreto tan oscuro que estuvo oculto en lo más profundo de las conciencias masculinas hasta hoy, día en el que este espíritu botonazo lo saca a la luz: Apenas el 40 % de los hombres que van a un baño público se lavan las manos con posterioridad a orinar y/o defecar.
Ustedes podrán decir que el 60 % de los varones restantes son unos asquerosos y comparto ese dictamen, pero lo peor es lo que vi hoy. Después de tomar un café con leche y medialunas en un bar, me dirigí al sanitario a los fines de liberar rehenes (soy un poeta, lo sé). Al finalizar, mientras me lavaba las manos, dos chicos salieron del baño sin siquiera mirar de reojo la canilla para higienizarse. Cuando egresé del sanitario, vi cómo estos dos sujetos estaban con sus respectivas novias y le acariciaban la cara como diciendo "Me hago el tierno con vos pero este dedito con el que te acaricio pasó por la línea divisoria de mis glúteos hace escasos momentos para limpiarme la caquita y no me lo lavé".
Así es que, señoritas lectoras de este espacio, sepan que sus parejas pueden formar parte del 60% de los varones en cuestión. Es mi obligación denunciar esta horrible realidad. Por ello, si alguna de ustedes está lo suficientemente buena y busca estar con un hombre inteligente, amable, simpático, dulce, compañero, agradable y que se lave las manos cuando va al baño, no tiene más que escribir a la dirección de mail que se encuentra al costado derecho de su pantalla.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Lo pasado, pisado (que alguien se lo diga a los dentistas)

Acabo de volver del odontólogo e inmediatamente me siento frente a la computadora para escribir las presentes líneas. Es que alguien tenía que decir lo que voy a declarar ahora.
Durante años hemos permitido que los dentistas nos digan cosas como "Tendrías que haberte cepillado cuatro veces por día", "Tuviste que haber tenido especial cuidado con las muelas de atrás", "No usaste hilo dental", etc.
Señores dentistas: Justamente ustedes están para cuando tenemos algún problema en la boca. Si nosotros hiciéramos absolutamente todo lo que ustedes nos dicen, no tendríamos ni una caries. Y así se quedarían sin trabajo para siempre. Así que dejen de decirnos lo que tuvimos que haber hecho y concéntrense en curarnos la boca. El daño ya está hecho. No queremos escuchar cómo tuvimos que habernos comportado antes porque ya no hay forma de volver el tiempo atrás.
¿Se imaginan a un abogado penalista diciéndole al cliente que acaba de matar a alguien "Tendrías que haber sido una buena persona"? Noooooooo. El abogado lo defenderá como pueda. Pero no va a concentrarse en el pasado sino que hará lo posible para que el cliente no vaya preso. Sin embargo, los dentistas te reprochan todo el tiempo cómo te comportaste en el pasado cuando el problema está en el presente.
En fin. Los odontólogos no entienden nada. Ya suficiente sufrimiento nos producen con el torno como para encima tener que escucharlos decir lo que tendríamos que haber hecho.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Milagro matemático

Viene dando vueltas por mi mente la idea de la multiplicidad de variables que deben darse para que las vidas de las personas desconocidas se crucen. Coincidir en un mismo lugar y en un mismo tiempo es -de por sí- difícil. Depende de la hora a la que uno se levante, qué actividades tenga que realizar ese día, la velocidad de sus pasos o de su vehículo, el camino elegido para llegar a destino, la rapidez con la que uno desayune, etc. Y todo ello sumado a la misma cantidad de etcéteras de las otras personas.

Todas esas variantes harán que sean esos individuos y no otros con los que nos crucemos en la calle, en el subte, en el consultorio médico, en el ascensor, en la vida.

Y tal entramado causal es necesario sólo para cruzarse. Sin embargo, compartir el mismo contexto espacio-temporal no alcanza para conocer a alguien. También es necesario que una gran cantidad de circunstancias se produzcan para que alguien deje de ser una persona que nos cruzamos por la calle para pasar a ser nuestro amigo o nuestra pareja o nuestro enemigo. En ese aspecto también juegan el sentido del humor que tengamos ese día, las palabras que utilicemos para comunicarnos, lo bien o mal que nos caiga la cara del otro, compartir o no determinados gustos y demás.

En síntesis, conocer a las personas es un milagro matemático. Un increíble número de eslabones que se unen para producir ese encuentro. Cierto es que uno maldice a este milagro matemático cuando se cruza con determinado tipo de gente, pero no por ello deja de ser un maravilloso efecto dentro de una enorme cantidad de causas.

Tomar conciencia de la multicausalidad ayuda a valorar más lo cotidiano… y la suma de lo cotidiano conforma lo que llamamos “nuestra vida”.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Departamento de soltero

Eran las 6:40hs de la mañana cuando mi celular dio aviso de la recepción de un mensaje de texto. Yo me estaba preparando para irme a trabajar. Al leer el mensaje, veo que el encargado del edificio -quien conoce mis horarios- me estaba avisando que el ascensor no funcionaba, por lo que tendría que descender por la escalera. "Gracias por el aviso", contesté.
Unos minutos después, llegó otro mensaje de texto del encargado que rezaba "El matrimonio de al lado tuyo no tiene acceso a la escalera porque se les rompió la puerta ¿No dejarías salir a tu vecino por tu puerta que tiene que ir a trabajar?"
Como buen tipo que soy, toqué el timbre de mis vecinos y les ofrecí salir por el interior de mi departamento a las escaleras para que puedan ir a trabajar, ya que el ascensor no funcionaba. Me agradecieron mucho y el hombre aceptó mi oferta, ya que debía irse a trabajar en ese momento, sin embargo la mujer tenía día libre, así que no era necesario que ella saliera.
Mi vecino ingresó a mi departamento y -mientras yo le abría la puerta trasera para que acceda a las escaleras- le dije "Perdón por el desorden. Pero es el clásico departamento de soltero, como verás". Me miró a los ojos con añoranza. Es una persona de no más de 35 años, pero un brillo en su mirada reflejaba que su felicidad había quedado en otro tiempo. Entonces me dijo "No te preocupes por el desorden. El mío también era un departamento de soltero. Hasta que la bruja empezó a dejar sutilmente sus cosas y un día, sin darme cuenta cómo, tenía un bebé y estaba conviviendo".
Muchachos, así no me dan muchas ganas de tener una familia.




miércoles, 9 de septiembre de 2009

Poco sentido

Todos aquellos que tenemos un blog sabemos que no hace falta gran cosa para escribir en él.
Alcanza con ir a la página de Blogger, elegir una plantilla, darle unos detalles de estilo consistentes en imágenes o frases, publicarlo y listo el pollo; sólo resta el contenido de los posts.
Sin embargo, mantener vivo al blog no es lo mismo que escribir en él. Para mantenerlo vivo siempre es bueno contestar a los comentarios de los lectores, tener la amabilidad de devolverles las visitas, comentar en blogs ajenos para que la gente tenga presente nuestra existencia, postear con cierta periodicidad y algunas otras cosas.
No es difícil deducir que para realizar tales actividades hace falta nada más y nada menos que tiempo. Como leí alguna vez "El tiempo es la sustancia de la cual estamos hechos".
Se me dirá que la cantidad de visitas y comentarios no necesariamente se relaciona con la calidad del blog, ya que existen espacios virtuales excelentes que son casi desconocidos y otros muy visitados que no son tan buenos. Concuerdo con tal afirmación, pero es más gratificante saber que uno lo leen 20 personas en lugar de 2.
Todo lo antedicho se debe a que me encuentro escaso de tiempo. Mi trabajo viene siendo un espacio gratificante por un lado, pero al oneroso precio de ver devoradas a mis horas. Llego a mi hogar cansado, sin ganas ni tiempo más que para comer algo, bañarme y recibir alguna llamada telefónica. Poco queda de aquel fantasma que visitaba asiduamente los blogs ajenos y se preocupaba por dejar su opinión sobre lo que leía en ellos.
Todo ello se ve reflejado en el presente de este fantasmagórico espacio. Actualizo con cada vez menos frecuencia y la calidad de los posts es aún más baja de lo acostumbrado (lo que es mucho decir).
Y acá es cuando me pregunto y les pregunto ¿tiene sentido mantener al blog en estas condiciones? Se agradecen sus respuestas y su sinceridad.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Tiempo

"El tiempo es el mejor de los maestros,
pero acaba con todos sus alumnos"

Ya todos escuchamos muchas veces la frase que reza que hay que aprovechar cada día como si fuera el último.
Pero ¿qué es aprovechar el día? Cada uno de nosotros puede tener una respuesta diferente para esa pregunta.
Estar con los seres queridos, bailar, practicar un deporte, escuchar música, tener relaciones sexuales, comer algo rico, mirar el mar e innumerables etcéteras.
Alguna vez, hablaba con un amigo acerca de qué actividades realizaríamos si supiéramos que el mundo se termina en 24 horas. Él me decía -casi sin dudar- que iría corriendo a estar con su familia. La verdad es que yo no lo tengo tan claro ¿En qué aprovecharía el poco tiempo que me queda? Sé que hay actividades que me encantaría realizar, pero que no dependen de mí. Si tomamos el ejemplo del sexo, yo iría corriendo a buscar a Paula Colombini, pero sería poco probable que la señorita en cuestión quiera pasar sus últimas horas acostada con este fantasma.
Dejemos este razonamiento a un lado y pensemos en una certeza. Lo más probable es que no muramos en 24 horas, pero es apenas una probabilidad, lo cierto es que no estamos seguros. No tenemos idea de la fecha en que nuestro tiempo se acabará, por lo que no tiene sentido gastarlo en cosas que no valen la pena.
Este humilde espíritu está aprendiendo esa lección. Lo que haga con ese aprendizaje es por ahora un misterio hasta para mí mismo.
Permanezco atento a las sugerencias que ustedes me hagan en cuanto a las actividades que no puedo perderme desde este momento hasta que me muera (otra vez).