sábado, 31 de enero de 2009

La gran conspiración

Desde mi fantasmagórico espacio, vengo a denunciar la conspiración más grande de la historia de la humanidad. No se trata del asesinato de Kennedy, ni de la existencia un plan macabro para que los extraterrestres dominen la Tierra con complicidad gubernamental. Me refiero a la desaparición de las latas de galletitas.
Hasta hace algunos años, uno se dirigía a un almacén y pedía, por ejemplo, 300 grs. de obleas. El almacenero las sacaba de una lata que tenía un vidrio por el cual se transparentaba su contenido, las pesaba y entregaba al comprador la cantidad deseada en una bolsa de nylon.
¿A partir de qué momento comenzaron a desaparecer las latas? Ni idea. Han sido tan cuidadosos que ni siquiera tengo claro el momento en el que se esfumaron. Sospecho -eso sí- que la debacle de las latas de galletitas fue de la mano de la progresiva desaparición de los almacenes de barrio y el consecuente avance de los grandes supermercados.
Cuando yo era apenas un fantasmita, gozaba yendo al almacén y pidiendo galletitas con forma de animalitos (cuyo sabor era horrible, lo admito), las cuales venían acompañadas -cada tanto- con algunos confites. La almacenera de mi cuadra se había ganado todo mi cariño y respeto porque a mí era al chico al que más confites le ponía en la bolsa.  
Hoy en día, las latas de galletitas fueron reemplazadas por insípidos envases plásticos cuyos "abrefáciles" tiene poco de abre y menos de fáciles.
Es oficial, señores. Una gran conspiración barrió con las latas de galletitas. Sospecho que lo mismo ocurrió con las familias que tomaban mate en la vereda de sus casas, el tiki-taka, los chicles DinOvo y tantas otras cosas que han desaparecido hasta de la memoria. Quizás ellas, a su manera, también sean fantasmas.

lunes, 26 de enero de 2009

Empanadas

Hasta hace no demasiado tiempo, las casas de empanadas sólo vendían una poca variedad de sabores de este alimento. Las opciones no salían de carne, jamón y queso, pollo, humita y atún (estas dos últimas ni siquiera eran fáciles de conseguir). Sin embargo, las modernas opciones de capresse, verdura, roquefort, calabresa, queso y cebolla, carne picante, carne cortada a cuchillo e innumerables etcéteras, ampliaron tanto la variedad que los negocios de empanadas se ven forzados a abominables métodos para intentar -sin éxito- diferenciar el contenido de cada una de ellas.
A grandes rasgos, pueden dividirse estos infructuosos intentos en dos grandes grupos: 
* Los que sellan las empanadas con las iniciales de su contenido: Claro. Ésto podía funcionar cuando había cuatro o cinco sabores para elegir. Pero la cosa se complica cuando tenés treinta variantes y más si las letras se desdibujan con cierta facilidad. Uno no sabe si la letra "c" significa carne, carne picante, carne suave, calabresa, capresse, cantimpalo o ciruela (sí, juro que las he visto). Todo ello acarrea innumerables trastornos, principalmente dados por expresiones de la índole de "¡Qué asco! Yo quería carne suave y es carne picante ¡No soporto el picante!" Y el/la tipo/mina deja la empanada ahí, mordida en el medio de la mesa. Ya nadie más la comerá. Algunos porque tampoco les gusta el picante, otros porque no gustan de las empanadas con la saliva de su predecesor. 
Yo siempre dudo acerca de si "CC" significará carne cortada a cuchillo o la existencia de una cuenta corriente dentro de la empanada.
* Otros negocios acompañan junto con el pedido un papel que procura traducir el significado del repulgue que cada empanada tiene. Pero claro, no hay forma de hacer treinta repulgues diferentes. Y no es raro escuchar discusiones tales como "¡No! Te digo que ésta es de pollo ¿No ves que la puntita está doblada cuarenta y cinco grados a la derecha y no sesenta a la izquierda como la de verdura?". Siempre hay un personaje en la mesa que cree poder interpretar al papelito traductor y se transforma en el blanco de toda clase de insultos cuando uno elige una empanada equivocada confiando en lo que aquél había interpretado.
Es hora de hacer algo para cambiar esta terrible realidad empanadil que nos aqueja. ¿Qué se les ocurre? ¿Volvemos a la limitada pero segura variedad de hace algunos años? ¿Prohibimos la posibilidad de elegir más de dos sabores diferentes en un mismo pedido? ¿Nos suicidamos todos incendiándonos en un fuego purificador? Díganme ¿qué hacemos?.

jueves, 22 de enero de 2009

Rueda de reconocimiento

Como todos saben, mi condición espectral me permite estar en diferentes lugares sin ser visto. Es así como aprovecho para presenciar interesantes charlas, tocar el hombro de personas que caminan en la calle, colarme en recitales o ver a muchachas ducharse, todo ello sin ser percibido.
Hace pocos días, estaba aburrido y decidí ver de cerca una rueda de reconocimiento. Para aquellos que no saben lo que es, me refiero a esas situaciones que ven en las películas, en las que diferentes personas se ponen en línea y un testigo señala -vidrio espejado de por medio- cuál de ellos fue el autor del delito que se investiga.
Sin que el testigo pasara todavía a la ventana de observación, el juez de la causa le explicó  que debería señalar a quien le parecía que era el delincuente que se buscaba. 
El diálogo fue el siguiente:

Juez: - Hay cinco personas en la rueda de reconocimiento. Uno de ellos es la persona acusada, pero necesitamos que nos señale cuál es para asegurarnos de que usted lo vio cometer el delito.
Testigo: - Ah, yo pensaba que lo iban a traer a él solo y me iban a preguntar si había sido él o no.
Juez: - No, ésa no es la manera en que se hacen estas cosas.
Testigo: - ¡Ah, no! ¡Así no vale! Los delincuentes son todos parecidos ¡Éso es trampa!


Desde mi escondrijo fantasmal, pensé "¿Qué habrá querido decir con que los delincuentes son todos parecidos? O sea,¿si uno es morocho y no tiene ropa de marca es candidato a una rueda de reconocimiento? Qué sociedad prejuiciosa, por favor."

(Desde ese momento, sólo uso sábanas Alcoyana bien blanquitas cuando ando por la calle. Para que no me pare la policía, ¿vieron?)

lunes, 19 de enero de 2009

El desvío

Existe un momento en la vida fantasmal en que uno se pregunta cómo llegó a determinada situación. Un instante en el que uno se dice "Pero si yo quería ir para Misiones, ¿cómo fue que llegué a Ushuaia?"

No existe otra explicación que la comisión de una desatención en el camino. Se estaba yendo a un lado cuando se creía ir a otro. ¿En qué instante se produjo el desvío? No se sabe. De repente, uno está en un lugar desconocido. 

Este pequeño preludio sirve para explicar cómo me sentí en esta situación:


Quedamos en encontrarnos para ir a tomar algo. La noche pasaba rápido, la charla era amena. No tardamos mucho en concretar un encuentro íntimo. Y fue en ese instante, cuando mi fantasmagórica sábana se confundía con las de la cama (por no decir que fue en el momento en que agradecí tener puesto un preservativo para no tener hijitos fantasmitas cubiertos con funditas de almohadas), que comprendí que en algún momento del camino me había desviado: ¿Cómo demonios es que un joven espectro como yo  pasa en pocos días de ser un rechazado por veinteañeras a un festivamente aceptado por mujeres de más de treinta? ¿En qué momento pasó esto? Por lo menos, debo confesar que se la pasa muy bien en  Ushuaia (es figurado, para los que no entendieron)

viernes, 16 de enero de 2009

La diferencia entre mezclar y enchastrar.

Bueno, a ver si nos entendemos. ¿Te gusta el pan con manteca? Buenísimo. ¿Te gusta el pan con dulce de leche? Genial. A mí también. Pero el pan con manteca y dulce de leche juntos es inaceptable, muchachos.
La manteca comienza a formar un grumo blanco en su unión con el dulce que hace que éste parezca brotado de granos con pus. Además, la textura que toma se torna más fea que hemorroide de murciélago.
Yo sé que ya está socialmente aceptado, pero está mal. No todo lo que está aceptado es correcto. Así que hay que corregirlo.
Y si no sos capaz de darte cuenta que lo que estás comiendo es verdaderamente asqueroso, por lo menos tené la decencia de usar un cuchillo para untar la manteca y otro para el dulce de leche. Porque si yo tengo ganas de untar alguno de los dos, me veo obligado a usar un cuchillo que tiene rastros de tu horripilante collage culinario*.
Existen dos frases con las que se ha pretendido justificar las más grandes tragedias y barrabasadas humanas. La primera de ellas es "yo sólo obedecía órdenes", una frase tristísima. La segunda es todavía peor: "en el estómago se mezcla todo", palabras utilizadas por gente que combina, por ejemplo, el yoghurt con la milanesa a la napolitana. 

*la mezcla de manteca con mermelada también merecería ser castigada con la eliminación física de quien la ingiere.

jueves, 15 de enero de 2009

Primer post

No voy a hacer una gran presentación de este blog. Alcanza con decir que soy blogger desde hace un buen tiempo y que, después de haber pasado por algunos vaivenes como blogs individuales y compartidos, me instalo en este espacio fantasmal con la absoluta impunidad que brinda el anonimato.
Con sonidos de cadenas arrastrándose, tormentas acercándose y desgarradores gritos de terror, comienza a ser escrito este abominable espacio.