miércoles, 5 de febrero de 2014

No es una vuelta.

Heráclito enseñó que resulta imposible bañarse dos veces en el mismo río. Los motivos de su afirmación no son difíciles de dilucidar: Cuando intentamos volver a bañarnos en ese río, el torrente hace que las aguas que conocimos ya no sean las mismas. 
De esa afirmación surge otra igual de predecible: Volver es imposible. Todo está en permanente cambio y, por definición, el retorno exige las mismas condiciones que fueron abandonadas.
Por tal razón, me encantaría decir que vuelvo a escribir en el blog. Pero no sería cierto. Ustedes no son los mismos, yo no soy el mismo, el furor de los blogs ya pasó de moda y, por ende, este espacio no será el mismo.
No volveré a escribir acá. Eso es imposible. Simplemente, escribiré acá.
Veremos qué ocurre en esta nueva etapa.
 

martes, 7 de febrero de 2012

Ranking

Envidio a los tenistas. Y no es que valore en demasía su capacidad atlética, ni su técnica para pegarle de revés a la pelotita. Lo que pasa es que ellos tienen algo que no tiene casi ninguna otra profesión: El ranking. Una lista exacta que evalúa los méritos y fracasos de cada uno de ellos, coronando con el primer puesto al mejor y haciendo sentir vergüenza a quien se encuentra en el puesto número 428 mil. El ranking les dice, de manera fatal, lo virtuoso o imperfecto de su condición, así como también lo lejos o cerca que se encuentran del mejor.
Sin embargo, ninguno de nosotros, que no nos dedicamos al tenis, tiene la menor idea acerca de qué puesto ocupamos. Si tuviéramos que elaborar un ranking en el que influyeran nuestras capacidades intelectuales, atractivo físico, carisma, bondad, imaginación, sentido del humor, capacidad de amar e innumerables etcéteras, ¿en qué puesto nos encontraríamos? ¿qué tan lejos estaríamos de la cima? ¿cuántas personas estarían por debajo nuestro? Por supuesto, habría que definir con exactitud cuáles son los componentes que se miden y de qué manera influye cada uno de ellos en la calificación final.
Los tenistas no tienen que hacerse estas preguntas en lo referido a su profesión. Ellos ya lo saben. La A.T.P. (Asociación Profesional de Tenis) se los informa sin rodeos. ¡Cómo los envidio!
Tengo curiosidad. Quisiera saber cómo estaría calificado yo. En el mundo hay unos 7.000 millones de personas. Creo que sería muy meritorio estar entre los primeros 1.000 millones.
Un ranking de estas características evitaría indeseables errores en la autoestima de las personas. Por ejemplo, un tipo que tiene poco amor propio, debería notar su error al ser rankeado entre los primeros 500.000; puesto por demás elogiable entre tanta cantidad de competidores. Asimismo, un creído insoportable debería bajar el nivel de su amor propio al anoticiarse que sus virtudes apenas lo colocan en el puesto 6.700 millones.
La creación de este ranking tendría innumerables beneficios en las cuestiones amorosas, principalmente en lo referido a las falsas expectativas. Iluso sería un individuo ubicado en el puesto 5.000 millones de poder conquistar a una mujer que se encuentra entre las 15.000 primeras. Uno podría buscar compañía rankeada dentro del mismo millón de personas, por ejemplo, y tener cierta expectativa de ser aceptado, ya que las virtudes entra ambas personas serían medianamente equivalentes.

Una idea perturbadora acaba de cruzar por mi mente. ¿Cómo no lo vi antes? Mi pensamiento de hacer un ranking de la humanidad no es original. Es evidente que entidades celestiales han planeado ya esta circunstancia. El hecho de que no conozcamos qué número nos corresponde entre los seres humanos no significa que ese número no exista. Todos y cada uno de nosotros nos encontramos vagando por esta vida sin saber cuál es ese número. El cual es visible para todos, con excepción de nosotros mismos. Sin embargo, podemos hacer un intento por averiguarlo: Un hombre heterosexual deberá dirigirse hacia la mujer más bella, inteligente, talentosa y simpática que conozca y hacerle saber que quiere estar con ella. La mujer dará algunas vueltas, porque es buena y no quiere lastimarlo, pero terminará diciéndole que ella espera a otro hombre. Y así, de manera poética pero indiscutible, entenderemos que ella es Nadal y que nosotros apenas estamos juntando unos mangos para comprarnos nuestra primera raqueta.

domingo, 5 de febrero de 2012

Pregunta

¿Todavía queda alguien en este descuidado y maloliente espacio?

domingo, 12 de junio de 2011

Periodismo de anticipación

Todos sabemos que cualquier periodista intenta obtener la información antes que sus colegas. De esa manera, logrará lo que se llama una "primicia" y se jactará de ello a la hora de publicarlo.
Algunos periodistas logran enterarse de la noticia y hacerla saber al público muy poco tiempo después del hecho novedoso, otros saben estar en el lugar y momento oportuno y entonces obtienen la noticia en el mismísimo momento en que ésta se produce. Estas modalidades son muy loables.
Sin embargo, en un acontecimiento periodístico sin precedentes, el Fantasma de Belgrano les acerca la noticia cuatro meses antes de que acontezca (aplausos del público).
Como todos sabemos, el 23 de octubre del corriente año, los argentinos emitiremos sufragio para elegir presidente de la Nación. La noticia que voy a darles no se relaciona con el resultado de las elecciones sino que consiste en cuáles serán las frases que más escucharemos ese día.
Vayan anotando y el 24 de octubre me cuentan cuántas pegué. Van a ver que este es el verdadero periodismo de anticipación (y eso que yo no soy periodista):
1) "Hoy es una fiesta de la democracia"
2) "Estamos realizando una excelente elección"
3) "Llama poderosamente la atención el retraso en la publicación de cómputos oficiales"
4) "El candidato "X" ya llegó a su bunker y está a la espera de los primeros resultados parciales"
5) "Queremos denunciar la existencia de boletas apócrifas"
6) "Bueno, en esta escuela la actividad comenzó un poco más tarde porque no se contaba con la presencia de todas las autoridades de mesa"
7) "Nosotros somos respetuosos y no vamos a hacer declaraciones hasta el arribo de los resultados oficiales"
8) "Les pedimos a nuestros fiscales que por favor cuenten voto por voto"
9) "Está llegando el candidato "Y" para emitir su sufragio. Vamos al móvil"
10) "Felicitamos a nuestro contrincante por su victoria. Pero este resultado nos ubica como la primera fuerza de la oposición"
11) "Nos estamos dirigiendo en este momento a la justicia electoral a denunciar el fraude"
12) "La elección se está desarrollando con toda normalidad, más allá de algunas cuestiones en lugares muy puntuales"
13) "Los argentinos debemos disfrutar y valorar del hecho de poder elegir. Es un derecho del que nos han privado durante muchos años"
14) "Hemos triunfado con un holgado margen"
15) "Queremos agradecer a cada uno de los ciudadanos que nos votó, a las autoridades de mesa y a nuestros fiscales"
16) "El partido "Z" está perdiendo uno sus bastiones históricos"
Claro, algunos me podrán decir que lo mío no es periodismo de anticipación sino que me baso en la experiencia de elecciones anteriores. Sin embargo... estemmmmmmm... ya vuelvo (grillos que hacen rozar sus patas para generar el clásico sonido de "cri, cri")

martes, 31 de mayo de 2011

Causa de futuros asesinos seriales.

Sí, a vos te hablo. A vos que tenés un/a hijo/a de 0 a 3 años y que -ante la llegada de las bajas temperaturas- decidiste abrigarlo. Pero no lo abrigás con cualquier cosa, no. Necesitás que tu bebé tenga un toque especial. Porque cualquier padre le pondría una camperita, un polar, una bufandita para que no sufra el frío. Pero vos no sos "cualquier padre". Necesitás que tu hijo se destaque. Por eso le ponés esas ridículas capuchas con orejas de osito, para que el bebé parezca un tarado cuando el único tarado sos vos, que lo vestís así.

Decime una cosa, ¿no te das cuenta que esas capuchas no quedan tiernas sino tontas?. Si no tenías ganas de tener un hijo, lo hubieras dado en adopción. Pero no te vengues contra la pobre criatura vistiéndolo así.

Dale la vestimenta de una persona, no de un animal. Si querías un animalito, en vez de tener un hijo, yo te pasaba el teléfono de una buena veterinaria.

¿Sabés qué es lo que me tranquiliza? Que el nene ahora no entiende nada, pero la manera en que lo ridiculizás va a quedar grabada en su inconsciente. Y cuando dentro de algunos años, los medios de comunicación se pregunten "¿Por qué mató a sus propios padres de manera tan sanguinaria?", yo voy a saber la respuesta.

sábado, 14 de mayo de 2011

Echale la culpa a Disney.

Hace algunos días, mientras perdía mi tiempo en Facebook, me topé con el nombre de un grupo realizado por mujeres y que tenía por nombre "Culpo a Disney de mis altas expectativas en cuanto a hombres". Me pareció simplemente genial.
Son varias las generaciones de mujeres las que han crecido viendo películas tales como "Blancanieves", "La bella durmiente", "La Cenicienta", "La sirenita", o -más actualmente- la saga de las princesas. Ahora bien, un factor común en todos estos títulos es que la protagonista termina teniendo una vida feliz junto con un tipo fachero, fuerte y generalmente rico.
Años y años tiene Disney metiéndole en la cabeza al género femenino que existe la posibilidad de que un Príncipe venga en su caballo blanco a rescatarlas de su sufrimiento. Y creo que, de alguna manera, ello tiene su correlato en lo que muchas mujeres esperan de los hombres.
Por otra parte, no debemos olvidar que -excepción hecha del jorobado de Notre Dame y la bestia- los personajes de Disney que padecen de algún defecto físico o sin simplemente feos, son a la vez malvados.
Un muchacho promedio, común, suele estar un poco lejos de medir 1.90 mts., tener sus cabellos dorados manteniendo siempre un perfecto peinado, músculos perfectamente proporcionados y algún que otro castillo donde vivir felices por siempre. Asimismo, esos imaginarios protagonistas masculinos suelen desvivirse por las hasta entonces sufrientes damas, al extremo de que -por ejemplo- lucharán contra un dragón o malvadas brujas (feas, por supuesto) para rescatarlas.
Es en ese momento cuando la realidad se choca con la expectativa. Nosotros, los hombres, tenemos nuestras limitaciones. Solemos cometer errores, padecemos del cansancio, podemos tener algo de sobrepeso o ser demasiado flacos, nuestros rasgos están generalmente lejos de ser perfectos y los dragones de varios metros de altura suelen meternos algo de miedo. Por tal motivo, seremos -para muchas damas- individuos que no encuadran en los estereotipos de la expectativa que pueden tener del hombre de su vida.
Algunas mujeres podrán leer indignadas estas líneas y expresar -no sin razón- que no todas esperan eso de un hombre. Sin embargo, cabe remitirse a la reciente boda del Príncipe Guillermo de Inglaterra y Kate Middleton. Me llamó mucho la atención la cantidad de damas que la vieron y que luego expresaban sus opiniones sobre el vestido, los arreglos florales, la abadía, el peinado, el traje y, en muchos casos, lo afortunada que es la ahora Duquesa. Tales comentarios me parecen reminiscencias de las películas de Disney.
No crean las féminas que el presente post tiene por objeto criticarlas. No son ustedes las únicas víctimas del llamado "efecto Disney"; los hombres también lo sufrimos. Cuando nos preguntan cómo nos gustaría que fuera la mujer que nos acompañe, respondemos algo así como "Simpática, dulce, linda, buena, trabajadora y que cocine rico" (también solemos agregar algún detalle íntimo, pero no fue precisamente Disney quien nos metió esa idea). O sea, los hombres también tenemos altas expectativas en cuanto a mujeres.
La reflexión de estas líneas se avizora de manera evidente: O empezamos todos a actuar como si fuésemos dibujitos animados o tomamos más conciencia de la realidad. Nadie es perfecto y encontrar el amor implica, de ambas partes, estar dispuesto a convivir con las virtudes pero también con las falencias ajenas. Mientras eso no suceda, todos los príncipes y princesas que nos rodean seguirán siendo vistos como sapos.

domingo, 24 de abril de 2011

De drogas, violines y un sábado a la tarde.

Habíamos quedado en encontrarnos con una amiga en la plaza de Florencio Varela, el barrio que me vio crecer. Yo llegué primero, así que la esperé en la esquina en cuestión.
A unos cincuenta metros de mí, se venía acercando un chico con un estuche de violín en sus hombros. Detrás de él, siguiéndolo, venían seis gendarmes. El chico no era consciente de que los uniformados lo seguían.
Cuando el muchacho llega a la altura donde yo me encontraba, uno de los gendarmes le dice desde atrás: - Alto, amigo. ¿Qué tenés en el estuche?
Ahí me avivé de todo. Los gendarmes sospechaban que el pibe tenía droga en el estuche. Lo iban a parar e iban a pedirle que lo abra. Y el único gil que estaba a mano para salir de testigo del procedimiento era yo. Ya me veía yendo a declarar a la comisaría. Un bajón.
- Tengo un violín, dijo el chico.
- A ver, mostrános, ordenaron los gendarmes.
El pibe abrió el estuche y, efectivamente, había un violín dentro. Respiré aliviado. No iba a tener que perder parte de mi sábado en una comisaría.
Los gendarmes revisaron el interior del estuche, pero el instrumento musical era lo único que había.
Uno de los uniformados, visiblemente desilusionado por la ausencia de evidencia incriminatoria contra el joven, le pidió: - ¿Te sabés tocar el bolero de Ravel?. Sin responder, el muchacho se puso el violín a cuestas y la dulce melodía de la pieza solicitada por el gendarme comenzó a sonar. Los gendarmes aplaudieron.
Yo pensaba "ésta es una de las ocasiones más bizarras que tocó presenciar". Pero había más.
Después de pedirle "Por una cabeza" y volverlo a aplaudir, uno de ellos me miró y me dijo: - ¿Vos querés escuchar algo?. Asentí con la cabeza y pedí "La primavera", de Vivaldi. El muchacho comenzó a ejecutarla. A lo lejos vi venir a mi amiga. Saqué cinco pesos de mi billetera y los tiré en el estuche que había quedado abierto en el piso de la plaza. Todos rieron. El momento pasó de ser la investigación de un supuesto delito a la distendida escucha de música al aire libre. Miré a los gendarmes y les dije: - Este momento fue mucho mejor de lo que pintaba, ¿no?. Asintieron de manera cómplice. Agregué: - A ver cuánto le dejan ustedes, ¿eh?.
Me alejé para ir a saludar a mi amiga.

martes, 19 de abril de 2011

Filosofía barata y zapatos de goma

Todos los días voy en subte hacia mi trabajo. Bajo en estación Callao y camino por esa avenida unas ocho cuadras hasta la oficina.
Obligatoriamente, tengo cruzar por un par de avenidas importantes como lo son Córdoba y Corrientes. Quienes han circulado por la ciudad de Buenos Aires, saben que es importante prestar atención al cruzar porque algún colectivo, taxi, moto, bicicleta o coche particular te puede llevar puesto. Es una ciudad caótica en lo que a tránsito respecta (y no sólo en ese aspecto, pero ahora no viene al caso).
Ahora bien, hoy a la mañana, apenas salí del subte, comencé a ocupar mi mente en pensamientos tales como cuándo voy a llevar la ropa al lavadero, cómo resolver un tema del trabajo que me tenía preocupado, qué regalarle a un amigo que cumple años dentro de pocos días y cuestiones por el estilo. Cuando me quise dar cuenta, estaba a apenas una cuadra de mi trabajo. Obviamente, hice el mismo camino de siempre y crucé las mismas avenidas de todos los días, sin embargo, no recuerdo haberlo hecho.
Mi mente estaba en otro lado mientras mi cuerpo se dedicaba a eludir transeúntes, parar en las esquinas, cruzar mirando que no vengan autos y cosas por el estilo. Pero realmente no recordé, pese a que lo intenté, cuándo -por ejemplo- crucé avenida Corrientes. Ni siquiera puedo decir si en mi camino se cruzó alguna chica linda o algún policía o alguna marquesina teatral anunciaba una obra interesante.
Y ahora es cuando viene mi pregunta filosófica: ¿realmente hice el camino de todos los días o desaparecí del mundo corpóreo y recién volví a aparecer cuando tomé conciencia de que me estaba dirigiendo a mi trabajo?
La lógica indica que estaba muy ocupado en mis pensamientos y que caminé varias cuadras en "piloto automático". Pero lo único que nos da la prueba de que algo en nuestro pasado efectivamente sucedió es el recuerdo que tenemos de ese algo. Como yo no recuerdo nada de mi caminata de hoy, tal vez no haya existido.
¿Ustedes qué opinan? ¿A alguno le pasó una situación como la que estoy describiendo o solamente yo soy capaz de abstraerme tánto en mis propios pensamientos?

domingo, 27 de marzo de 2011

Pequeña clasificación de personas molestas que uno se cruza en las veredas

Caminar por el centro de la Ciudad de Buenos Aires un día hábil nos significará necesariamente cruzarnos con una increíble variedad de individuos. Muchos de estos individuos que caminan por las veredas de esta ciudad se dedican exclusivamente a hacer más pesada nuestra caminata; no tienen otra función en la vida. Si a esta situación le sumamos los puestos de diarios, flores y veredas rotas, el centro porteño levanta el nivel de stress de cualquier caminante.
A los fines de agruparlas, clasificaremos a los más molestos tipos de caminantes en los siguientes grupos:
* Los fumadores: Esta clase de individuos suele caminar delante nuestro por las angostas veredas porteñas. Se caracteriza por dos hechos: 1) exhalar su humo con viento en contra, lo que implica que el humo vaya directo a nuestras caras, y 2) frenarse de golpe para encender su cigarrillo, lo que acarrea que uno se lleve al tipo puesto porque no se dignó a ponerse a un lado.
* Los que mandan mensajitos de texto mientras caminan: Esta clase de sujetos jamás dirigirá su mirada hacia adelante. Siempre sus ojos están apuntando hacia abajo, donde su celular parece tener un imán de pupilas. Suelen causar que un montón de personas se vean obligadas a esquivarlos sin que se den por enterados de que el resto del mundo los odia, toda vez que para ver la expresión de odio de alguien es necesario mirar a la cara de esa persona.
* Los consumistas: Este grupo se caracteriza por estar caminando siempre del lado cercano a la calle, pero -de repente y sin que nadie lo espere- se cruzan toda la vereda para ver una vidriera en la que vieron una prenda que les gustó. Por supuesto que en ese cruce molestarán a todos los transeúntes posibles, pero eso no importa, ya que hay unos zapatos "divinos baratísimos" que justifican joderle la vida a todos.
* Las corchitos: Se trata de damas mayores de 50 años y menores de 1.60 mts. Una de sus características diferenciales es la de tener pelo corto y caminar medio chueco. Suelen utilizar una velocidad inferior al medio kilómetro por hora y retrasan la caminata de todos los que nos encontramos detrás.
La combinación de las corchitos con fumadoras es -tal vez- la más molesta de todas.
* Los grupos de adolescentes: Suelen irse empujando entre ellos y la palabra "boló" (boludo) es casi lo único que se escucha en su conversación. Sus risas suelen ser especialmente molestas y suelen hacer chistes sobre el resto de las personas que caminan por la calle, pensando que son tan inteligentes que uno no nota de quién hablan.
¿Me olvido de algún grupo? Colaboren aportando en el sector "comentarios".

jueves, 24 de marzo de 2011

Tal vez

Tal vez este espectro retorne al mundo blogueril. Pero necesito saber que al menos cinco de ustedes todavía están por acá. Cinco personas, cinco granitos de arena, para reconstruir el imperio de lo que alguna vez fue un blog muy visitado. ¿Cuento con esa base o ya no tiene sentido intentarlo?